LA MUDANZA
- 22 nov 2015
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Y llegó el día...luego de varios intentos fallidos, por fin los empleados podrán depositar sus osamentas en otro lugar, con los gañotes llenos de recuerdos y las caras largas, los empleados se encargaron de realizar la propia mudanza. A medida que van recopilando los trastos se van dando cuenta del grado de abandono en el que habían estado sumergidos todo este tiempo. Todo estaba celosamente musealizado, aún las pulgas. Así fue como se fueron amontonando porquerías sin querer, ventiladores quemados,calefactores traga-garrafa, estufas rotas, medio calentador, teteras viejas, y todos los trastos imaginables...estaban muy bien aclimatados a ese amontonamiento, pero...un mundo nuevo estaba naciendo en sus mentes, el camión mudancero ya se encontraba estacionado frente al lugar y estaban prontos a descargar cajas, canastos, cajones y cajonetas para ser llenadas.Algunos empleados estaban absortos con la novedad, y hubo quien, mientras escuchaba las instrucciones de llenado de cajas, olvidó su pie muy cerca de la estufa rastrera calientapava que yacía amenazante en el piso, y fue así, que al notar que el calor no se iba de su pata, comprobó que el pantalón se estaba quemando; corriendo con su pata en alto cual estandarte de guerra hacia una canilla cercana, encontró también un trapaso mojado que frenó la furia del fuegoy trajo tranquilidad a su alma.
Los empleados amontonaban compendios de papeles, libros y carpetas dentro de las cajas, y cada movimiento se anunciaba como el último entre esas paredes; parecían encantados por la magia de la última vez, manoseaban sus pertenencias como si de esa manera pudieran aferrarse al pasado, como si el tiempo los tentara a detenerse. Una vez juntadas las últimas cosas, emprendieron el camino sin regreso, cerraron las valijas, blindaron las ventanas, y comenzaron la cuenta regresiva.
Cuando todos los muebles y cajas habían sido cargados, cuando sólo encontraron la calle mas cerca que nunca de las ventanas y un papel solitario abandonado en el mostrador, intentaron cerrar los ojos para extrañar pero no lo consiguieron...sólo siguieron, la misma historia, la misma rutina en otro espacio, en otra calle y entre otras paredes...y un mismo vacío, una misma costumbre que no querían mudar.
























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