-Calor, sopor y consecuencias-
- 18 nov 2015
- 2 Min. de lectura

Hacía calor,muchísimo calor, la cigarra con su clásico mié, mié, mié, miéééééééééééééééé anunciaba más calor para la tarde y la noche, el olor a pollo que provenía de un restaurant cercano estaba logrando descomponer al empleado, que ya sin fuerzas rezó al aire: DÉJEME TODO Y PASE LA SEMANA QUE VIENE- (el dicente inmediatamente recordó que en la semana entrante estaría de vacaciones y de esa manera el problema quedaría en manos de otro empleado).
Después de largos meses sin novedades en el frente, los empleados recibieron una noticia ,todos despertaron a la vida con esa "maravillosa" noticia de aumento de horas extras y una copiosa remuneración , vieron como estaban por materializarse todos sus sueños, todo tiene un precio en esta vida y ellos estaban a punto de comenzar a pagarlo "con sudor"(Fama).
El sacrificio era extenuante y se tornaba demasiado denso trabajar tantas horas, el incansable ritmo de los camoatíes entrando y saliendo los agotaba aún más, pero los sueños podían más. Todos gastaban y vivían a lo "grande", ninguno de ellos era conciente del sacrificio y lo que se estaba poniendo en juego. Estaban cansados pero felices, siempre tenían dinero en los bolsillos y no ponían peros a la hora de adquirir pelotudeses para pasar el tiempo. Todo era felicidad en esos días aunque con tantas horas de convivencia obligada, cada uno comenzaba a cuestionarse si tanto tiempo fuera del hogar valía la pena, pues claro que valía la pena : GANAR PLATA...era el motivo, y no era poco.
Los empleados en su creciente interés por acumular dinero trataban de no tomarse vacaciones, o sea que todo el verano lo pasaron en la oficina, sufriendo el calor y el exceso de trabajo. Una tarde en que el sol partía a la ciudad a la mitad y se encontraban terriblemente desesperados, decidieron tomar una siesta por turnos en la zona de archivos. La mayoría de ellos había perdido el control de su propio cuerpo y hasta llegaron a atender a los camoatíes siesteros totalmente descalzos. El espectáculo parecía haber salido de la era medieval...los empleados se estaban volviendo locos, estaban a punto de defecar al costado de los árboles perdiendo todo tipo de inhibición.
























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